The stray bodyguard’s tale

miércoles, 4 de mayo de 2011

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Soy una activista en todo lo que animales respecta: Greenpeace, voluntariado en dos organizaciones, mi propio emprendimiento “copa de leche” para perros y gatos (=P), etc etc etc… Hago lo que puedo con lo que tengo para proveerle un cierto bienestar a los animalitos. Qué decir, me tiran! =)
Supongo que se trata de hacer una diferencia: como ellos no pueden, hablo por ellos. Los animalitos son seres que no poseen herramientas suficientes para defenderse de lo que, para empeorar las cosas, no ha sido generado por ellos. Somos nosotros, los seres humanos (adultos), quienes propiciamos condiciones de vida injustas e insuficientes para nuestros compañeritos de ruta. Hay quienes los abandonan a la buena de Dios, quienes los maltratan, quienes los ignoran…
No me gusta puntualizar en lo que hago o no hago por ellos, simplemente porque no pretendo obtener ninguna clase de reconocimiento por ello. No me interesa que la gente sepa a qué instituciones ayudo, a cuánto animales alimento, en cuántos rescates he participado… No es el objetivo por el cual se persiguen estas causas.
Las historias de fidelidad y amor incondicional animal conmueven e impactan. Desde las más sencillas y pequeñas hasta aquellas que asombran por su grandeza. Los animales son una fuente inagotables de compañerismo y cariño. A mí, todas las mañanas, me recibe mi chicha en la parada del micro, firme. Llueva, truene o haya sol, ella ahí está. Esta barbincha y yo hemos recorrido una historia que ya data de algún tiempo atrás, si mi departamento lo permitiese ya viviría conmigo (Ay! El día que tenga casa me van a empezar a llamar “la loca de los perros” jej), pero, dado que los metros cuadrados no lo permiten, nuestra relación es estrictamente “laboral”. Sí, laboral, porque mi chicha vive donde están las oficinas en las que trabajo. Allí se ha asentado desde el día que la ví rondando el barrio por primera vez y decidí alimentarla.
No son las mejores condiciones, lo sé, pero mi chicha, a diferencia de otros rescatados, se niega a ser hogareña. Le gusta callejear, supongo que porque la vida le ha generado esta desconfianza extrema en las personas. Cuando comenzó nuestra relación era imposible acercármele. Años han pasado y hoy por hoy me permite un mimo en la cabeza, aunque aún se asusta con los movimientos bruscos y no le permite a ninguna otra persona el contacto.
Esta barbincha apareció siendo ya adulta y, como con las personas, es difícil quitarle las mañas y miedos adquiridos en sus años vividos. Según el veterinario, sufrió muchos abusos por parte de Dios sabe quién y es por ello que cada vez que alguien intenta adoptarla, ella escapa y regresa. Está acostumbrada a la vida que el destino le escribió y, parece que a esta altura, ya no le interesa cambiarla. Le resultó mejor su status de “callejera” y así decidió vivir.
Y se la ve feliz, correteando todo el día en el parque que queda enfrente de las oficinas, jugueteando con “amiguitos” del barrio que sí disfrutan de un hogar. No es un ambiente ideal, créanme que lo sé y he intentado revertirlo, pero ella sigue regresando. Por suerte, la vida en la calle también le ha inculcado una personalidad cautelosa y atenta, asique por suerte sabe cruzar la calle y presta mucha atención al tránsito.
Me gustaría que tuviese otro tipo de vida, pero lamentablemente no es así. Es por ello que, considerando las circunstancias, intento darle lo que puedo y, así, una mejor calidad de vida.
Una historia simple, de millones que hay, una de muchas que he vivido y vivo con animalitos…. No sé muy bien por qué se me dio por hablar de esto… será porque los animalitos alegran mis días? =D
“Un país, una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales” - M. Gandhi (1869-1948)

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