Ignorados...

martes, 2 de diciembre de 2014

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Hace un tiempo viene resonando fuerte en mi cabeza, con estridencia, una idea persistente, permanente e inquietante: nuestra constante falta de atención a la vida y la muerte.

Nos pasamos los días leyendo y oyendo frases trilladas respecto de valorar la vida, disfrutar cada día como si fuese el último… Haciendo oda del “Carpe Diem”… pero en verdad nos detenemos en algún momento a poner esto en práctica? Con una mano en el corazón, lo hacemos? O simplemente pasamos cada día como una constante inalterable, como si simplemente fuesen una sucesión perpetua, una rueda cíclica que jamás se detiene?

Y es que meditándolo bien, los días pasan indefectiblemente y sólo en muy pocos de ellos nos detenemos a apreciarlos y valorarlos, a disfrutarlos y hacer de ellos lo máximo que podemos… exprimirlos hasta la última gota.

Los días se suceden aprisa, casi sin percibirlos… Y a los días le suceden semanas; y a las semanas, meses; y a los meses, años… Y así seguimos, porque sabemos que los días continúan suscitándose, sin que se los pidamos. Lo que usualmente no nos detenemos a considerar es que los días continúan, pero son nuestros días los que tienen fecha de caducidad. Vendrá un día que será nuestro último día, el fin de nuestra existencia, nuestra muerte.

Poca gente habla de la muerte, casi como si ignorando su existencia pudiésemos hacerla desaparecer. Seguimos diariamente sin percatarnos de que ella puede aparecer cualquier día, casi como si nuestro inconsciente quisiese protegernos de su llegada, bloqueándola.

Y por bloquear su inevitabilidad, dejamos de apreciar los días y dejamos que estos se sucedan sin reconocimiento, sin casi saborearlos. Y entonces también caemos en un círculo de causas y efectos en los que subestimamos la vida por subestimar la muerte e ignoramos a la muerte por ignorar a la vida.

Entonces, cuando queremos acordar, se pasaron tantos días y perdimos tantos preciados momentos que solo resta reprocharse todo aquello que dejamos pasar, que dimos por sentado, que no hicimos, que no dijimos, que no disfrutamos ni valoramos cuando era el momento. Los días pasados ya no vuelven y aquello que se transitó ya no se vuelve a caminar, no de la misma manera al menos. Eso que dejamos de hacer ya no puede enmendarse, no al menos de la misma forma en que se hubiese hecho en aquel preciso instante en que tuvimos la oportunidad y dudamos, desestimamos o ignoramos.

Por supuesto que nunca es tarde para abrir los ojos y comprender que hay que entregarse por completo a cada día. Desde ya que siempre se puede tratar de compensar por el tiempo perdido. Y no importa cuántos días ya hayan trascurrido desde que comenzó tu existencia, siempre se puede frenar hoy y plantearse qué podemos hacer para vivir lo que nos resta en total plenitud y consciencia de que lo que nos queda por delante es finito y, por ello, debemos asegurarnos de vivenciarlos en su máximo exponente.

Es importante darle entidad a la muerte, abrazar la idea de que todo concluye, que nada permanece en nuestras vidas por siempre, ni siquiera la vida misma. Sólo mediante el reconocimiento de la inevitabilidad de un final aprendemos a deleitarnos en el proceso, a valorar momentos.

Es necesario comprender a la muerte para transitar nuestros días con completa consciencia, sin dejar nada en nuestras mochilas. Porque todo aquello que quede en ellas, en el último día será motivo de reproche. Todo aquello que queda en el tintero será tinta que se seque y ya no permitirá escribir ninguna historia. Tenemos que asegurarnos de no dejar asignaturas pendientes, deudas kármicas.

LA VIDA ES UNA, LA MUERTE TAMBIEN… DÉMOSLE A AMBAS EL ROL QUE MERECEN, LA IMPORTANCIA QUE REALMENTE TIENEN…


Y SOLO ASÍ, REALMENTE…. “CARPE DIEM”

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