And so I swing and I sway, getting used to the change in state…

lunes, 14 de noviembre de 2011

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A veces surgen inesperados giros en la trama, eventuales desvíos no predichos que nos dejan tambaleando, mareados y atontados.

Casi siempre pasa, nada es tan perfecto, ni tan armonioso, ni tan correcto. Casi siempre pasa, algún evento desafortunado (o afortunado) o una serie de ellos, nos hace perder el equilibrio, nos desestabiliza emocional y físicamente.

Aún trato de volver al equilibrio, de lograr frenar la oscilación vertiginosa a la que la vida y sus “sorpresas” me tiene acostumbrada de vez en cuando. Y es que hace poquito más de una semana que me tuve que “tragar de un saque” cosas que me enteré de “golpe porrazo” y que, a las vistas del impacto que tuvieron en mí, tal vez prefería no haberme enterado.

Se trata de tomar decisiones en el momento del encontronazo con la realidad que nos abofetea y lidiar con sus consecuencias. Uno es responsable de lo que hace y lo que elige para su vida, pero a veces el golpe deja secuelas que van cual procesión por dentro de uno, hostigando el alma y el balance interno, implacable.

El dilema está en que uno ya tomó la decisión pertinente al caso por lo que las secuelas y heridas de guerra las tiene que tolerar y curar por sí mismo, interiormente. Es algo así como el “perdono, pero no olvido”, es generar una sentencia para el caso, pero mantenerlo en la retina. Si perdonamos, deberíamos hacerlo en todo el espectro, superando la situación y siguiendo hacia adelante, dejando el suceso en el olvido. Sin embargo, rara vez eso ocurre y los vestigios del momento se quedan clavados como pequeñas astillas que molestan y provocan que “nada sea como antes”. Generan esa incomodidad, ese efecto raro en el ambiente.

Y como los seres humanos somos un pasado conjugado en el presente y apuntando hacia el futuro, traemos ese bagaje de historias y experiencias que se entremezclan con la realidad imperante del personaje y generan ese efecto indeseado de “fantasmas del pasado al acecho” e, indefectiblemente, entremezclamos las cicatrices de guerra con las heridas que se han abierto recientemente, confundiendo unas con otras y atentando contra el presente.

Aprendemos de la experiencia, pero a su vez esta nos limita. Nos hacemos fuertes, pero nos refrenamos. Se nos mezclan los tantos. Se nos generan esos “saltos” en el estado de ánimo, por momentos estamos bien, por momentos no tanto, por momentos simplemente nos deprimimos. Nos acostumbramos al movimiento basculante, esperando que en algún momento el péndulo interno encuentre el centro y ahí se quede.

Son días difíciles porque nos llenamos de inseguridades y dolorcitos molestos, pero como con todo en la vida aprendemos a lidiar con ellos y vamos superando las circunstancias de a poco, afianzados en la idea de que algún día lograremos superar lo sucedido completamente.



Y en el interín estamos así, en el vaivén de emociones opuestas, tratando de estar “lo mejor posible dado las circunstancias”, repitiéndonos constantemente hasta creérnoslo: TODO PASA, AVANTI!