Andar sin bastón…

viernes, 13 de abril de 2012

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Pienso en mi vida. En mis experiencias, en mis amores pasados, en mis historias frustradas. En ese pasado que me trajo hasta donde estoy hoy parada. Y en ese futuro cargado de expectativas que desconozco cómo va a darse.

Siempre quise casarme, tener hijos, formar una linda familia con la casa, el patio y el perro… pero la vida me enseñó que a veces algunas cosas no están escritas para uno, sólo hay que esperar qué depara el destino…

Y en el camino nos nutrimos de experiencias encubiertas en fracasos y triunfos, victorias y derrotas. Nos vamos forjando a nosotros mismos, dándonos forma, reinventándonos a cada paso.

La vida es un camino sinuoso y oscilante, con miles de curvas y piedras, pero siempre digno de ser transitado. Es un viaje que uno emprende mochila al hombro, solo y desnudo, y conforme lo vamos atravesando vamos cargando nuestra mochila vacía y cubriéndonos el cuerpo para no quedar tan expuestos. Nacemos endebles, indefensos y desprotegidos, pero es el mismo camino quien nos va formando y proveyendo, creando corazas que nos irán protegiendo de las amenazas del trayecto a la vez que nos va cargando de experiencias que nos guiarán en el aprendizaje.

No importa cuántas precauciones vayamos tomando al emprender el viaje, eventos fortuitos y factores externos nos van a impedir prever lo que va a pasar en el transcurso del camino. Vendrán tormentas, habrá días soleados, a veces el calor se hará agobiante y otras veces padeceremos de hipotermia. Tropezaremos con piedras, nos clavaremos espinas, hallaremos arroyos de agua fresca, pisaremos hierba buena. Los desvíos serán necesarios y casi ineludibles.

El camino allí está, pero podemos irlo modificando a nuestro andar. Somos dueños y señores de ese camino, aunque a veces éste se nos rebele y quiera convencernos de lo contrario. Ese camino es de nuestra propiedad y él se hará en virtud sólo de nuestras decisiones y sus consecuencias.

La vida hecha camino me trajo hasta este punto y su tiempo de cambios. Y entre lo mucho que he aprendido de él está el hecho que, sin importar qué depare el destino, es un viaje que se emprende en solitario y encuentra acompañantes de ruta. Eso son, compañeros que caminan su propio camino, que en muchas ocasiones van en paralelo al de uno, porque así elegimos o así se dio la vida. Y en el mutuo acuerdo podemos seguir caminando juntos, tal vez el resto de la vida. Juntos y nada más. Son caminos que se unen, pero siguen siendo dos caminos, por tanto, no debemos esperar depender de nuestro compañero para recorrer el camino. Habrá momentos en que irá un poco más adelante, sirviéndonos un poco de guía. En otros irá detrás nuestro, esperando nuestro consejo. Pero la mayor parte del tiempo se colocará a nuestro lado, acompañando, dando aliento, curando heridas y ayudando (a la vez que espera lo mismo de uno)

El transcurso de los caminos y sus vicisitudes definirán si continuarán viajando juntos o se toparán con una bifurcación. Por eso es importante entender a nuestro compañero como lo que es y no poner el peso de nuestro cuerpo y de nuestra mochila sobre él y esperar que él haga todo el trabajo por nosotros.

Mi camino recorrido me ha enseñado a valerme por mí misma, a ser independiente. He entendido que no hay que caminar con bastón la vida o nunca disfrutaremos a pleno de nada, ni siquiera de nuestro compañero.

La vida hoy me regala un compañero y no podría ser más feliz con ello, espero sea quien me siga en el viaje de la vida. Y espero hacerlo juntos, de la mano, creyendo que sí se puede… y siendo felices sin importar los obstáculos… y sin olvidar que cada uno tiene su camino, sólo que hemos elegido libremente juntarlos…

Amen, en libertad, con independencia… pero amen…