El Futuro Llegó Hace Rato...

jueves, 2 de agosto de 2012

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Se trata de dejar a un lado las trivialidades efímeras de la inmadurez en pos de la permanencia de un futuro en la adultez…

Eso me planteé hace mucho tiempo y consumió gran parte de mi tiempo y esfuerzo. La deuda kármica se hizo grande: ando agotada y mi salud anda tal vez un poco más endeble que de costumbre, pero todo este costo lo conocía antes de comenzar esta etapa, ya había atravesado una similar, así que no me quejo. Muy por el contrario, es un cansancio lindo, un cansancio que se sobrelleva distinto. No pesa, cuesta, pero no pesa.

Sabía a lo que me exponía si abocaba mi vida y esfuerzo a esta odisea, lo tenía muy en claro, pero también entendía los beneficios que conllevaría. Comprendía los sacrificios a realizar, pero los otorgaba gustosa, la paga al final del camino sería buena. Habría rédito.

Armar un futuro requiere de mucha energía, es un proceso lento y, por momentos, tedioso, pero siempre bajo la firme y fehaciente convicción de que la elección es la correcta, de que es simplemente “la mejor decisión”. El trayecto es largo y complejo, lleno de esperanzas e ímpetu que por momentos parecen flaquear ante la desilusión y la frustración. Sin embargo, a costa de gastar hasta la última gota de nuestra energía física y mental, logramos imponernos frente a las adversidades, convencidos de que estamos haciendo las cosas bien.

Y los frutos que cosechamos con tanta dedicación y esmero finalmente surgen airosos, complejos y dulces. Aparecen al final del camino, incluso cuando no nos damos cuenta de que hemos llegado a él. Los degustamos, los disfrutamos, los comemos sin culpa y le damos paso a lo que sus semillas harán crecer, fomentando así la apertura de un nuevo camino, el cual transitaremos dando lo mejor de sí.

Yo opté hace mucho por negarme las banalidades que duran un segundo para ir invirtiendo en la construcción de algo que me aseguraría un futuro mejor. Lo empecé sola y pronto me encontré con manos tomando mi soga y tirando para mi lado, impulsadas por sus propios anhelos y colaborando con los míos. Y esas manos me levantaron en tiempos de desgaste, me palmearon en tiempos de dolor, me abrazaron en tiempos de alegría y apretaron fuerte en tiempos de esperanza y construcción.

No lo hubiese podido hacer sola, hubiese caído y bajado los brazos frente a la frustración. Fueron ellas quienes me empujaron a seguir soñando, todo el camino. Fueron ellas las más importantes para alcanzar todo esto y hacer del sueño una realidad. Fueron ellas el eslabón más importante en esta cadena. Fueron ellas quienes generaron esta ruptura de paradigma.

Vivo este proyecto de futuro convencida de que este sacrificio que aún hay que seguir haciendo sólo va a traer días de sol que palearán cualquier frío y cualquier pronóstico de tormenta. Estoy genuina y completamente feliz y agradecida por todo lo que me trajo hasta aquí… Y lo que tuve que abandonar en el camino no pesa… No puedo dejar de sonreír…